
Palestina: genocidio funcional y colonización con complicidad internacional
eEl sionismo no nació como un movimiento de liberación universal, sino como un proyecto elitista y racista desde sus orígenes. Los primeros líderes, profesionales y burgueses urbanos europeos, diseñaron un Estado para sí mismos, dejando de lado a las masas judías pobres de Europa del Este, consideradas incómodas, improductivas y un obstáculo para consolidar la visión de un Estado judío en Palestina. La emigración organizada hacia Palestina constituyó una colonización planificada e inmoral, desplazando a los habitantes originales bajo la narrativa de tierras "vacías" o desaprovechadas.
Durante el Holocausto, mientras millones de judíos eran exterminados, las organizaciones sionistas priorizaron la construcción del Estado sobre el rescate masivo de sus compatriotas dejando a millones de judíos a merced del genocio. La supervivencia de unos pocos seleccionados, privilegiados elegidos para el proyecto colonial, se ponderó frente a la muerte de millones de personas, de humanos de carne y hueso, como vos y como yo. Desde entonces, la política y la supervivencia del Estado estuvieron por encima de cualquier obligación moral.
El Israel moderno sigue esta lógica de conveniencia. Hamás y Hezbollah han sido tolerados y, en ciertos casos, facilitados indirectamente. Esta tolerancia activa constituye complicidad consciente, pues refuerza la narrativa de amenaza y justifica bloqueos, ofensivas militares y expansión territorial. La existencia deliberadamente mantenida de estos grupos terroristas convierte la violencia en una herramienta estratégica funcional.
El factor humano es devastador. Cada ofensiva, cada bombardeo, cada ataque indiscriminado sobre civiles, principalemente a mujeres y niños, demuestra que un Estado puede actuar a la altura de organizaciones terroristas en brutalidad y deshumanización. La comunidad internacional observa y calla, con resoluciones vacías y condenas tibias, mientras mantiene un flujo constante de apoyo militar que fortalece a quienes perpetúan la violencia. Las víctimas se reducen a estadísticas frías; la vida humana se vuelve intercambiable y subordinada a intereses estratégicos y financieros.
Este patrón se conecta con proyectos geopolíticos más amplios. El Gran Israel, ampliamente discutido y aceptado públicamente, refleja la intención de consolidar territorios estratégicos, mientras que otros planes, como el Proyecto Andinia, incluyen la compra de grandes extensiones de tierra en la Patagonia. No solo extranjeros cono Joe Lewis y Benetton participan en estas adquisiciones. Sionistas argentinos como Eduardo Elztain, dueño de IRSA y Cresud, dueño junto con David Sutton del Hotel Llao Llao donde se realizan las cumbres disfrazadas de foros empresariales donde estos personajes junto con los empresarios más importantes negocian la repartija de las riquzas de nuestro país, y del Libertador Hotel, búnker político del actual presidente Milei, han concentrado tierras en la región. Además, el establecimiento de espionaje en Tierra del Fuego por parte del Mossad agrega un componente estratégico que vincula seguridad global, control territorial y recursos estratégicos. Acá queda en evidencia como algunas políticas, algunos políticos no están para servir al pueblo ni a la patria, si no que hacen la suerte de virreyes de turno de un occidente que declama libertad pero oprime cuando de dinero y poder se trata.
La manipulación del sistema financiero global refuerza esta dinámica. La expansión de criptomonedas como mecanismo para reducir la dependencia del dólar para licuar la deuda en cabeza de los países en vías de desarrollo, evidencia un entramado económico y geopolítico coordinado entre Estados Unidos, Inglaterra e Israel, sus estados funcionales y élites financieras. La violencia, la colonización y el control financiero representan un plan funcional que trasciende fronteras, utilizando a la población como instrumento y despojándola de su humanidad.
La represión alimenta la desesperación palestina; la desesperación fortalece a Hamás. Hamás refuerza la narrativa israelí de amenaza constante; Estados Unidos y sus aliados sostienen la maquinaria para mantener influencia geopolítica. Cada muerte de civiles, cada niño asesinado y cada familia desplazada refuerza un diseño estratégico deliberado y siniestro.
No se trata de accidentes ni errores: la colonización de Palestina, la complicidad con grupos terroristas, la instrumentalización del sufrimiento humano como medio y la manipulación del orden global constituyen un genocidio funcional y sistemático, diseñado para consolidar intereses de Estados, que creen ser moralmente y hasta étnicamente superiores, y de élites financieras, usando la violencia y el miedo como herramientas de control. Esta idea muy similiar a la del partido nacional socialista alemán, me hace concluir que que hubo complicidad en su momento de las "víctimas" que ahora son verdugos. Cuándo David se convirtió en Goliat?
Palestina no es un escenario accidental. Es un laboratorio de muerte funcional, donde cada acto de violencia refuerza un proyecto que excede la política, atravesando geopolítica, economía y moral internacional. Cada víctima que se convierte en estadística, cada desplazado es un recordatorio de que la vida humana está subordinada a intereses de poder que no respetan fronteras. La indiferencia global legitima la muerte sistemática y demuestra que, en este juego de élites, cualquier individuo puede convertirse en un número más.
Tal vez sea el momento de levantarnos de nuestros cómodos sillones que también están en peligro.
Por Pablo Gabriel Miraglia
